Guadalquivir Cautivo

viernes, 20 de noviembre de 2009

Vélez Blanco








El territorio que constituye el actual municipio de Vélez Blanco presenta un hábitat continuado desde la prehistoria hasta nuestros días, sucediéndose en él las diversas culturas que, desde el Paleolítico, han caracterizado la evolución histórica del Sudeste peninsular. Tres factores básicos han influido en el desarrollo de este importante y continuado poblamiento: el ser zona de comunicación entre el Sur y el Levante peninsular; la abundancia y bondad de sus aguas, y los recursos forestales, de caza y agropecuarios que siempre ha poseído. Los valles de los ríos y barrancos que configuran una de las cabeceras del río Segura hacia el Este, y del Guadalquivir hacia el Oeste han favorecido desde los tiempos prehistóricos, la penetración de gentes y de culturas, y la comunicación entre las zonas murcianas y levantinas y las andaluzas.
Las aguas han sido, sin lugar a duda, otro de los factores impulsores de este importante poblamiento, pues permitieron desde los primeros momentos una agricultura de regadío en las inmediaciones de las fuentes y arroyos, y alcanzó un auge peculiar durante el período árabe, con el trazado de la red de acequias que regaba la fértil vega de Vélez Blanco y que, por suerte, se mantiene aún en la actualidad.
Los recursos naturales disponibles han sido, por último, el otro factor importante en el desarrollo de su historia. La riqueza forestal de monte alto con pinares y encinares y de monte bajo con sus plantas aromáticas, esparto, etc., es reconocida en casi todos los períodos históricos. De los bosques se ha utilizado la leña para la construcción y el fuego, la caza, la bellota para la alimentación, el esparto para instrumentos de trabajo (sogas, serones, aguaderas, capazos, cestas, etc.), para el calzado (esparteñas), o como parte del mobiliario (esteras, maurales, asientos, etc.), además de las esencias extraídas de las hierbas aromáticas, o la riquísima miel mencionada en tantos textos desde la época árabe.
También hay que señalar la importancia de la agricultura de secano, que constituye la mayor parte del territorio en explotación. Los altiplanos de Topares, la Hoya del Marqués y la zona de Las Juntas o el Alcaide, entre otras, han sido explotadas desde el mundo antiguo hasta hoy. Por último la ganadería ha sido otra pieza clave en el desarrollo histórico, desde la abundancia de fauna que pastaba en las inmediaciones de los ríos y arroyos, puesta de relieve en las pinturas rupestres, hasta la constitución de grandes rebaños en el mundo medieval y moderno y en la actualidad.

Las piezas de piedra tallada propias del Musteriense allí localizadas señalan la presencia de estos primeros pobladores que subsistirían gracias a la recolección de recursos naturales propios de la zona, la caza y la pesca.
Dentro del Paleolítico, la etapa mejor conocida es la del Paleolítico superior, a partir, sobre todo, del yacimiento de Cueva de Ambrosio. El momento estudiado de forma más detallada corresponde al Solutrense, hace más de 16.000 años.
La industria lítica localizada, como puntas de muesca, puntas de aleta, de pedúnculo, de laurel, buriles y raederas constituyen algunos de los primeros instrumentos de trabajo que se fabricaron y repararon en ese abrigo.
El Neolítico vuelve a estar representado en Cueva de Ambrosio aportando las primeras cerámicas que se elaboraron en esta tierra, teniendo en cuenta que ya se ha iniciado la agricultura, y con ella el cultivo de los cereales y el control de los rebaños.
Las últimas fases de la prehistoria, conocidas como de los metales, esdecir, las que corresponden al cobre y el bronce, están marcadas por una considerable ampliación del territorio ocupado, al menos el conocido por nosotros, y con una mayor utilización de los recursos ganaderos, agrícolas y mineros.
En esta fase comienzan a detectarse los poblados, que ocupan las cimas de cerros de mediana altura, bien comunicados, con buena visibilidad, a veces fortificados y próximos a los ríos donde podían desarrollar su actividad pastoril y agrícola, y en algún caso metalúrgica.
Las pinturas rupestres constituyen uno de los aspectos más conocidos y significativos de los pobladores prehistóricos de Vélez Blanco. Estudiadas desde principios de siglo por Motos y Breuil, no han dejado de ser objeto de estudio (Julián Martínez) y de nuevos descubrimientos hasta la actualidad. Las pinturas rupestres de Vélez Blanco se extienden por buena parte de los abrigos de todo el municipio, si bien los dos núcleos fundamentales lo constituyen el área en torno a los arroyos del río Caramel-Alcaide y la de los Maimones, junto al núcleo de Vélez Blanco.


Entre el primer grupo destacan los abrigos del estrecho de Santonge, con representaciones de ciervos, líneas onduladas que simbolizan el agua, rayitas verticales que podrían simbolizar la lluvia, y las de los Calares de Leria, con representaciones de animales y figuras humanas, o la Cueva del Gabar. En el segundo grupo destaca la singular Cueva de Los Letreros, declarada monumento nacional. Este abrigo se encuentra en las faldas del Maimón, próximo al manantial de la Fuente de los Molinos, donde se han localizado restos de materiales de diversas épocas prehistóricas. En sus paredes reúne un grupo considerable de representaciones seminaturalistas y esquemáticas, con una gran variedad y riqueza de tipos.
El poblamiento ibero-romano
Las primeras manifestaciones del mundo ibérico en este municipio corresponden, precisamente, a la etapa de formación del mismo entre los siglos VI yVII cuando se perciben las influencias coloniales fenicias a través del Sudeste o del foco tartésico del Sur peninsular. Los poblados ibéricos de Vélez Blanco son de mediano o pequeño tamaño y se localizan en cerros de mediana altura, con cierta capacidad defensiva, buena visibilidad, bien comunicados, junto a ríos o abundantes manantiales de agua, y con buenas tierras para el cultivo en sus inmediaciones. Su ubicación geográfica tiene un valor estratégico para el control del territorio.

De nuevo son las tierras próximas al río Caramel-Alcaide, tributario del Guadalentín, las que reciben dichas influencias y donde se configurará uno de los poblados que une la tradición de los últimos momentos del Bronce final con los primeros momentos del iberismo.
De la etapa ibérica, aunque más tardía, son también los primeros restos materiales de lo que más tarde será el pueblo de Vélez Blanco.
Su magnífica posición estratégica y sus condiciones naturales (agua, tierras de cultivo, montes, etc.) favorecieron la creación de este núcleo en el Cerro del Castillo. Se trata de un cerro terminado en cresta, con una altura de 1.100 m. sobre el nivel del mar, que domina un campo de visibilidad de varios kilómetros hacia el Levante y el Sur. Controla de igual forma la zona de paso que se abre hacia el Norte, en dirección hacia las tierras de Topares y de Murcia.
La conquista de estas tierras por Roma, en torno al siglo II antes de nuestra era, provocó un cambio significativo en el modelo económico y en el carácter del poblamiento. La proliferación de villas por todo el ámbito confirman la implantación de este nuevo sistema de explotación y de una nueva dinámica económica y social.
La posición fronteriza y de vigilancia de la zona se completaba con torres vigía como las del Pozo Belmonte, Taibena o Alancín. Pero si la historia del período árabe destaca por estos elementos, cabe también señalar la excelente explotación de los recursos naturales del entorno de Vélez Blanco.
El primoroso trazado de pequeños bancales desdela cumbre hasta el llano, el sistema de acequias y de reparto de agua, que permitían el regadío de toda la vega, los frutales, el cultivo de la morera y el trabajo de la seda, la explotación de la miel, los molinos o los batanes, hicieron de Vélez Blanco una villa próspera, dentro de la dinámica económica propia del reino de Granada. El siglo XVI comenzó para los vecinos de Vélez Blanco con una nueva religión y un nuevo derecho: el 12 de septiembre de 1503 la Reina Católica firmaba la carta que establecía la cesión de la villa a don Pedro Fajardo, que la convirtió en cabeza de su señorío, que incluía Vélez Blanco, Vélez Rubio, Las Cuevas y Portilla, es decir, el Norte y buena parte del centro de la provincia de Almería.

Los siglos XVII, XVIII y parte del XIX transcurren en la dinámica creada a finales del siglo XVI, con una ampliación progresiva del casco urbano, la extensión del cultivo de secano, sobre todo en la zona norte, y el mantenimiento de un cultivo de huerta que perdió parte de su atractivo económico con la caída del trabajo y comercio de la seda.
Los cambios producidos en el modelo político y social en la España del siglo XIX tuvieron una importante repercusión en nuestro pueblo. La pérdida de importancia y la desaparición del antiguo señorío, los nuevos trazados de caminos y la reestructuración administrativa de España influyen en la posición administrativa de Vélez Blanco.
Tras la fuerte emigración de muchos cientos de velezanos a Barcelona en los años sesenta, nuestro pueblo ha empezado a recuperarse de aquella sangría demográfica y hoy asistimos a la vuelta de muchos de ellos y sobre todo se observa un cierto crecimiento de la población en el último Padrón, que nos acerca a los 2.320 habitantes.

“FORO GUADALQUIVIR ALMERIENSE” REIVINDICA EL NACIMIENTO DEL RÍO GUADALQUIVIR, ATENDIENDO A LAS PRUEBAS CIENTÍFICAS.
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